Seminario de Alberto Chong (Georgia State University): Social Welfare Programs, Stigma, and Trust

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Por: César Urquizo

¿Es posible que haya estigmas asociados a recibir programas sociales? Desde el punto de vista de un hacedor de política, es importante responder a esta pregunta, pues en caso de ser cierto, podría tener como consecuencia un inadecuado take-up rate de los programas sociales. Es decir, podría haber gente que califica para recibir un programa, pero que no lo hace, debido a que se avergüenza de recibirlo. Además, también puede ocurrir que un individuo que recibe el programa no haga uso pleno de este para evitar el estigma asociado.

Es por ello que Alberto Chong, en su paper escrito en conjunto con Vanessa Ríos: Social Welfare Programs, Stigma, and Trust: Experimental Evidence for Six Latin American Cities trata de responder a esta pregunta. A continuación se detallará los principales puntos presentados por Alberto Chong en el seminario desarrollado en la Universidad de Piura para la discusión del proyecto de investigación mencionado.

Para probar su hipótesis, los investigadores trabajaron con una muestra representativa de seis capitales de América Latina: Bogotá, Buenos Aires, Caracas, Lima, Montevideo y San José. Unos de los principales aportes de este estudio, es la selección de esta muestra representativa, rigurosamente diseñada, pues la mayor parte de investigaciones de este tipo trabajan con data de percepción.

Los autores utilizan una metodología estándar para medir el nivel de confianza con un conjunto de trust games, frecuentemente utilizados en la literatura como proxy para el nivel de confianza interpersonal. Chong y Vásquez argumentan que el único mecanismo de transmisión por el cual los programas sociales podrían generar un menor nivel de confianza interpersonal es a través del estigma asociado a participar en ellos.

El juego utilizado en el experimento consiste en dividir a la muestra en dos grupos iguales: la mitad de la muestra tendrá el rol de jugador 1 y la otra mitad el de jugador 2. Todos los jugadores 1, a los cuales se asigna un jugador 2 de manera aleatoria (asegurándose de que ambos jugadores no se conozcan previamente) reciben una cantidad de dinero, determinada como porcentaje de su ingreso, y deben determinar qué porcentaje de ese dinero dar al jugador 2. Luego, el jugador 2 recibirá 3 veces esta suma y decidirá cuánto de este dinero recibido devolverá al jugador 1. Este juego no se repite.

Como se puede observar, se trata de un juego secuencial, en el cual el jugador 1 escoge primero y luego el jugador 2. Así, el equilibrio de Nash es que ambos jugadores escojan dar 0% al otro jugador. Por ello, el porcentaje de dinero que decide dar el jugador 1 al jugador 2 se interpreta comúnmente en la literatura como una medida de confianza, mientras que el porcentaje de dinero devuelto por el jugador 2 al jugador 1 se interpreta como una medida de reciprocidad.

Luego de finalizados los experimentos, los autores contaban con una base de datos con los resultados para más de 3000 individuos (contando jugadores 1 y 2), representativa a nivel de cada una de las ciudades. Evidentemente, para este estudio, solo los jugadores 1 se consideran parte de la muestra relevante, por lo que la muestra utilizada es de alrededor de 1500 personas. Con estos datos recolectados se estimó una serie de regresiones por mínimos cuadrados para hallar el efecto de recibir distintos tipos de programa social sobre la medida de confianza interpersonal.

Los resultados hallados fueron consistentes entre todas las ciudades, con excepción de Montevideo, y se aprecia un efecto negativo y estadísticamente significativo al 1% de participar en un programa social sobre la medida de confianza interpersonal. Estos efectos se mantienen cuando se separa el tipo de programa social recibido en: educación, salud y nutrición.

Sin embargo, existe evidencia para creer que el participar en un programa social no es completamente exógeno al nivel de confianza de las personas, pues hay factores asociados al nivel de confianza de los individuos que pueden afectar a su decisión de participar en un programa social. Si bien los autores descartan la posibilidad de la existencia de simultaneidad en la determinación de ambas variables, no pueden concluir que no existan variables omitidas correlacionadas con la decisión de participar en el programa.

Por ello, para tratar de corregir este problema, los autores plantean una estimación por variables instrumentales. En particular, deciden utilizar el ratio de niños en el hogar dividido entre el número de personas del hogar que tienen un ingreso. Los autores argumentan que la decisión de tener hijos es independiente de la confianza de las personas y que solo la afecta a través de la participación (o no participación) en programas sociales. Sin embargo, varios asistentes al seminario argumentaron que este instrumento podía no ser exógeno por distintos motivos.

En primer lugar, se indicó que las familias podrían basar su decisión de tener o no tener hijos en la confianza que tienen en la sociedad. Personas más optimistas, y más confiadas, podrían ser más propensas a tener hijos, mientras que lo opuesto ocurriría con personas menos confiadas. Por otro lado, también se argumentó que la decisión de las mujeres con hijos de participar en la fuerza laboral (y por ende ser parte del denominador del ratio propuesto como instrumento) podría estar afectada por sus niveles de confianza, pues para poder trabajar tienen que encargar sus hijos a otras personas.

Ante estos comentarios, el autor defendió la exogeneidad del instrumento ante el primer argumento, y optó por evaluar la incorporación del segundo comentario a su investigación cambiando el denominador de su instrumento por el número de hombres que reciben ingreso en el hogar.

Los resultados de la estimación por variables instrumentales mantuvieron los signos de la estimación por Mínimos Cuadrados ordinarios, apuntando a un efecto negativo de la participación en programas sociales sobre el nivel de confianza. Sin embargo, los resultados dejaron de ser significativos al 1% y pasaron a serlo solo al 5%, o incluso 10% en algunos casos.

En síntesis, el trabajo presentado por Alberto Chong presenta evidencia bastante sólida para argumentar que el participar en un programa social puede tener efectos negativos sobre la confianza interpersonal de un individuo, causados por el estima social asociado a ser un beneficiario del programa. Por ello, y tomando en cuenta también la literatura reciente, que parece indicar que los programas sociales de transferencias condicionadas no tienen efectos estadísticamente distintos a los subsidios, una recomendación de política que podría desprenderse es evitar el uso de programas sociales visibles que contribuyan a la estigmatización de la persona.

Evitando este tipo de programas y favoreciendo programas cuyo goce sea menos visible o subsidios aplicados con incentivos correctos podría ayudar a que se incremente el take-up rate de los programas y a que no se dificulte la formación de capital social de los individuos más pobres.

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